Día 2: Día de Brujas.

bru2-1Madrugamos (lindo verbo vacacional) así nos preparamos para ir a pasar el día a Brujas. A unas habitaciones de distancia de la nuestra está la cocina, donde tampoco ahorraron en decoración, y ahí nos preparamos un café con leche (nos habían explicado cómo usar la máquina el día anterior), y tomamos la bandeja con el nombre de nuestra habitación “Madame Butterfly”. Riquísimas croissants, con manteca, mermeladas y demás cosas untables. En la estación Gare Centrale sacamos nuestros boletos hacia Brujas (14,1 eu), y tomamos el tren de las 8 aprox. Una hora después y a través de una ruta más que linda y vistosa para pegarse a la ventanilla, llegamos a la estación de Brujas (Brugge), pasando por la única estación intermedia Gante (Ghent).
 
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En información turística nos indican el camino para llegar a la parte más turística de la zona, y vamos caminando bordeando un arroyo por algunas cuadras. Cisnes, bru2-3callecitas y callejones, algún que otro carruaje turístico, más cisnes, puentes. Y fotos, muchas fotos.

El primer lugar que conocemos es el Beguinaje, un lugar muy tranquilo para caminar (sin pagar) y aprender un poco sobre cómo se vivía en el lugar. Después entramos a una de las iglesias medievales, la de Nuestra Señora, hermosa construcción y visita. Todos los lugares donde fuimos entrando eran para aprovechar y conocer, pero para mi lo mejor sigue siendo caminar por las calles, sentarse en algún parque y ver el ambiente, las casas, las cosas “normales” de cada lugar, aunque uno parezca “no estar haciendo nada”.

La Torre de Belfort (traduciendo: la Torre del Campanario) está en la Grote Markt bru2-6(la Plaza del Mercado), así que después de caminar un poco por ahí, nos vamos a subir sus 366 escalones, para ver los techos de la ciudad. Van dejando pasar de a grupos para no colmar la escalera de caracol ni los salones y el campanario (que son espacios chicos), y mientras van cobrando la entrada de 8 eu. Como hay salones intermedios con historias para leer, la subida no se hace tan monótona, y el resultado final es genial. Ver tan de cerca ese campanario gigante, ver todas las casas allá abajo, todas las calles irregulares, es bastante emocionante.

Techos de Brujas

Techos de Brujas

bru2-5Seguimos caminando, absorbiendo, disfrutando del sol que no nos falla, hasta que llegamos al Museo de la Papa Frita, un lugar bastante original donde no pudimos resistir y entrar (y pagar entrada!). Es todo lo que uno esperaría de un museo dedicado a las papas fritas, explicando la historia de la papa, con imágenes, maquetas, y hasta frases de libros donde le hacen referencia. Por supuesto, en el subsuelo está el local de comida, donde nos pedimos dos porciones, con salsas y gaseosa, y almorzamos ahí. A la salida, tampoco pude resistir el gift shop, con muchos objetos comunes, pero diseñadas obviamente como una papa.

Para aprovechar los canales y pasar más cerca aún de cisnes y patos, nos subimos a un paseo en bote, con otros turistas variados, por lo que el guía y conductor relataba todo en 2 idiomas, y nos tiró alguna que otra palabra en español para nosotras. Hasta pasamos por el lugar de una escena de la película “In Brugge”, cosa que a las cholulas/cinéfilas como nosotras, nos encanta. La ciudad es chica, con lo que en medio día y un poco más se puede conocer bastante, aunque si uno quiere puede quedarse y quedarse paseando más tiempo porque no pierde el encanto. En nuestro caso, nos tomamos el tren de regreso para hacer una parada en Gante antes de volver a Bruselas.

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Al llegar a la estación nos tomamos un tranvía hasta la parte más céntrica, muy cerca de ahí. Me sorprendió el canal bastante ancho, y la explanada llena de gente sentada en grupos, charlando, un lugar con mucha vida. Y con un castillo en el medio de la ciudad, donde podés estar esperando el colectivo con el Castillo de los Condes de Flandes de fondo, una locura. Como todo por estas zonas, había cerrado alrededor de las 17 hs, así que sólo lo vimos por fuera. Caminamos un poco más por la zona, pero ya estábamos un poco cansadas, así que como queríamos empezar a volver, primero había que conseguir monedas para pagar el tranvía de vuelta (los negocios que vendían el boleto estaban cerrados). Encontramos una información turística, donde muy amablemente nos cambiaron billetes por monedas y de manera extremadamente pedagógica, nos enseñaron a pagar el boleto (casi como para niños, pero yo agradecida).

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Ya en la estación de tren, sucumbimos ante el primer café europeo de Starbucks, así que esperé el tren acompañada de mi taza “Daniella”.

Ratos más tarde estábamos por la ya familiar Gare Centrale, donde nos sorprendió muchísimo ver un “Carrefour Express” como uno de los locales comerciales (el mismo que veo en mi barrio de Buenos Aires). Aprovechamos y también compramos algunas cosas, para cenar algo liviano en la súper cómoda habitación, para después dormir con unas almohadas que todavía extraño.

 

 
 

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