Día 17: Miradores de Pehuenes y lagos.

La estrategia para combatir el frío al amanecer en la carpa funcionó y dormimos mejor (Hey! Más tips sobre campings!).

peh3-1Ahora vamos a aprovechar el camping, y hacer nuestro desayuno, después el almuerzo, y mientras tomamos algo de sol y viento.

Ahora a la tarde, al sol hace mucho calor así que caminamos por el lago Aluminé (el camping tiene salida a la playita), mientras sacamos fotos. Un poco más frescos, nos vamos caminando hasta el centro a tomar primero un helado (buenísimo) en Heladería De La Montaña, y después a caminar hasta el mirador de Los Cipreses. No es muy lejos, con un par de subidas, y la vista es realmente impresionante. Un poco más por ser el atardecer. Para mi, una visita obligada en un recorrido por Pehuenia. Siguiendo por ese camino hay otro mirador (de los Coihues), llegando al final de la bahía como a 3 km de distancia, que quedará para otra vuelta (y preferentemente con auto).

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Volvemos al centro para hacer algo más de ejercicio: un poco de “bici-bote” en el Aluminé, con hermosas vistas, mientras sigue atardeciendo.

Ahí enfrente hay un bar (La Clementina) donde vamos a picar algo antes de cenar. Llevó más tiempo de lo que pensamos porque son muy despelotados y se olvidan los pedidos (no por estar súper llenos, sino por mala organización). Así que mientras anochece comemos (mini) albondiguitas y (mini) langostinos a la provenzal, con un happy hour de cervezas artesanales.

Cuando finalmente nos logramos ir, caminamos unas cuadras hasta un barcito que está dentro de una galería pequeña, Drumlin, que ya teníamos visto cuando pasamos a la tarde. Tiene 4 mesas adentro, algunas sillas en la barra, algunas mesas afuera, y en el primer piso fabrican su propia cerveza. Nos quedamos un rato afuera hasta que justo se desocupó una mesa adentro, y ahí comemos una cazuela de strogonoff, un sandwich de salchichas con chucrut, otro de albóndigas -sí, a full con las albóndigas-, una cazuela de calamares al azafrán y una degustación de 6 cervezas artesanales. No es para ir buscando comida gourmet, los platos están congelados y los van calentando a pedido. No son muy grandes -son cazuelas- por lo que fuimos pidiendo varios, pero son ricos. Y la onda del lugar es lo mejor, con buena música, buena atención. Gente de diferentes edades, para comer o tomar algo en un lugar súper informal, y con precios acordes.

Llamamos al taxi que nos levanta en la puerta y nos devuelve al camping.

 

 
 

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