Día 15: Cruzando la cordillera, y después las rutas neuquinas.

El micro sale 6.30 am de la Estación Rodoviaria, por lo que el encargado de la noche del hostal se copa preparándonos un desayuno (estaban todas las mesas ya preparadas para eso, pero él nos trajo el agua caliente y el pan), y también nos pide un taxi para que nos venga a buscar a las 5.30 am.

En 20 minutos más o menos llegamos a la estación, nos cobra 3.800 clp, y ahora toca esperar con el fresco de la mañana aún no amanecida.

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El volcán Villarrica soplando un poco de humo

Salimos en horario con el micro casi vacío, que se va llenando con australianos, israelíes, y demás nacionalidades, durante el camino.

Al momento en que pasamos por los controles aduaneros, unos de los chicos israelíes había encontrado sus papeles migratorios luego de perderlos temporalmente pero otro de sus compañeros no tuvo tanta suerte. El asistente chileno del micro los había asustado total e innecesariamente, y el chico sólo tuvo que volver a llenar sus papeles. Nos dio un poco de vergüenza cómo los trató, obviamente hablándoles en su español, y si veía que no lo entendían, sólo les hablaba más fuerte. No debe ser nada entusiasmador para el turismo extranjero encontrarse con estas situaciones, ni con empleados de la aduana que, aunque traten todo el tiempo con gente de todo el mundo, no pueden explicar dos simples palabras en inglés, para ayudar y fomentar un poco más el turismo, y el buen trato con la gente.

12.30 pm estamos pasando por Junín (¿cuántas veces hicimos este camino ya?) -¡por enfrente de las empanadas de la feria!- y allí se bajan casi todos. Aparentemente si querés combinar con un micro para ir a Bariloche, este es el lugar.

13.30 llegamos a la terminal de San Martín (fueron entonces 7 horas de viaje). Para sumar un poco más de ineficiencia turística de nuestro lado de la cordillera, les mandé un mail a la oficina de turismo de Neuquén para saber cómo podíamos ir desde San Martín hasta Villa Pehuenia. Lo bueno es que me contestaron muy rápidamente. Lo malo es que me dijeron que no había ninguna empresa de transporte que haga ese recorrido, y que la única forma era ir hasta Zapala, y de ahí tomar un micro hasta Pehuenia.

Preguntando en los locales de la terminal de San Martín me dicen que averigüe en la última puerta del lado externo de la terminal, que corresponde a la empresa Expreso Los Andes que tiene los buses Campana Dos, que se encargan de ese recorrido que nosotros queremos. Golpeo en esa puerta (realmente no había forma de saber lo que había tras esa ella si no me lo informaba la gente de Vía Bariloche), y sí, efectivamente, sale un bus a Pehuenia todos los días a las 17.15 hs, y llega a las 22 (no sé si cambia según las épocas). Sacamos los pasajes -$192 cada uno, en efectivo- y nos vamos a comer y descansar un poco del viaje, antes de empezar el siguiente.

Ahí cerca de la terminal vemos a Deli, un local de comidas sobre tiendas comerciales, con un sistema tipo buffet donde encargas los platos, vas a buscar tus cubiertos, bebidas, y pagas en la caja. Muy buenos sanitarios, y linda vista al lago Lacar. 2 milanesas de ternera (muchos días chilenos esperando este momento!) con puré, 2 jugos, 1 café, $235.

Mientras, 3g en mano, tratamos de arreglar la primer estadía en Pehuenia para no llegar a las 22 en la nada. Llamamos al camping Don Cirilo donde sólo queda disponibilidad para acampar y en cuya entrada nos puede dejar el micro a nuestro pedido. Llamamos después al Complejo Lagrimitas, más cerca del centro del pueblo, donde no nos quieren decir el precio de las cabañas -quizás por la competencia- hasta que estemos físicamente en el lugar, y los dormis tienen un costo de $900 la noche. ¡Novecientos pesos por un dormi! No es info que nos ayude demasiado realmente. Así que vamos a probar de ir al primer camping, aunque no sea lo más cómodo armar la carpa de noche.

Para merendar algo, vamos la cafetería Austria, que está abajo de donde acabamos de almorzar. Un milkshake de dulce de leche, un súper cucurucho (yo también iba por un milkshake hasta que vi el mostrador de los helados) y una botellita de agua, $120. Estos números chiquitos, a comparación de los chilenos, hacen que todo parezca barato… qué peligro!

17.15 hs salimos con el micro Campana Dos, con menos de medio micro lleno. El paisaje hace todo lo posible para que uno no se aburra durante el viaje, es impresionante todo lo que se va viendo por la ventanilla: los árboles que crecen por todos lados y quedan a diferentes alturas, los cerros y montañas que se entrecruzan, algunos animales pasando cerca y otros más lejos de la ruta, de golpe un río o lago que aparece para terminar de completar la vista.peh1-3

Aún con todo este esfuerzo del paisaje -hasta está empezando a anochecer para que todo quede todavía más lindo- el viaje se hace largo, por el camino de ripio. Las curvas de la ruta son casi tan impresionantes como el paisaje y pensamos que a los choferes chilenos les encantaría doblarlas a toda velocidad.

peh1-2Ya es de noche completa y después de una parada en la terminal de Aluminé seguimos viaje, donde hay gente que se va bajando en medio de la nada -o al menos la nada para mi-. Se bajan y empiezan a caminar alejándose de la ruta, por donde muchas veces ni siquiera hay un camino! Ni veo luces lejanas que me digan que hay una casa en algún lado, ni ellos van caminando alumbrándose con algo… No entiendo hacia dónde van, ni cómo sabían dónde bajarse… Me supera. Diego se irrita un poco por mi no entendimiento.

Le pedimos al chofer que nos deje en la puerta del Camping Don Cirilo, que por suerte está sobre la ruta -me imaginaba caminando por el cerro, sintiendo animales cerca- y bien iluminado. Llegamos tipo 22 y tras una muy rápida recepción donde Liliana nos da las explicaciones, nos vamos a armar la carpa. Para ser de noche y tener sueño, fue todo un éxito, la armamos fácil y rápido, y el lugar parecía muy copado. Por suerte no hace nada de frío. Quede todo bien o no, nos íbamos a dormir inmediatamente.

 

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