Día 8: Acercándonos a la costa – nos vamos para Valdivia.

Temprano a levantar campamento (¡literalmente!) y desayunar lo que queda de mermelada y café. Vemos a Cristian en la recepción (lo vemos en el camping a toda hora, dudamos que duerma). Le dejamos la leche en polvo (para los gatitos dice, hoy había más que otros días), y la mochila con la que vine, y que al comprar la nueva sabíamos que se quedaba acá. Agradece y nos despide con la mejor onda.

11.20 am salimos de la terminal JAC, y vamos pasando por Villarrica, San José, y otros pueblos, comiendo un pan con queso comprado a un vendedor en el micro por 1.000 clp.

Nos vamos de Pucón con muchas buenas fotos y varias intrigas: ¿Por qué Frigor acá se llama Savoy? ¿Cómo se les dice a la gente nacida acá? ¿Por qué no hay más chilenos en F1 o Rally? ¿Qué será el servicio de vulcanización que ofrecen los talleres mecánicos?

val2-114.35 llegamos a la terminal de Valdivia (3 horas y pico de viaje). Vemos un stand de Patagonia Donuts pero nos resistimos (esas donas nos acompañaron en el viaje de hace unos años a Puerto Montt). Ahí mismo en el primer piso hay una oficina de turismo, donde nos dan un mapa y nos indican que por la calle Carlos Anwandter vamos a encontrar todos los hostales (aparentemente un hostal es un hostel con habitaciones con baño privado, acá al menos).

Con las mochilas encima vamos hasta el hostel Bosque Nativo, que teníamos elegido. No hay disponibilidad, y nos pasa lo mismo en otros hostales. Los precios van variando entre los 30.000 y los 44.000 clp, y algunos no tienen tarjeta (así que los descartamos de una). Elegimos el único que encontramos por 30.000 clp por noche la habitación, y con tarjetas: Hostal Anwandter.

val1-3Nos vamos a recorrer las calles y la costanera del río Calle-Calle. El ambiente de las calles nos hace acordar un poco a Puerto Montt, con casas de mucha madera, poco arregladas, con cables (muchos) cruzando de vereda a vereda, lugares con pastizales, zonas que no sabemos si son humildes, pobres, o simplemente son así. Pocas gentes en las calles, pero asumimos que es porque llegamos justo mientras se juega Colo Colo – Universidad de Chile (el clásico de fútbol local). La gran cantidad de carabineros y policías en el centro en cambio no podemos asumir por qué es.

Por la calle Esmeralda (que sería el “Barrio Bohemio”) hay muchos barcitos paraval1-1 merendar o comer algo. Mientras esperamos en La Fuente Valdiviana nuestro café con leche, chocolate caliente, kuchen de nuez y torta, la gente va pidiendo cosas de merienda y cosas como gigantes lomos a lo pobre, papas fritas, baldes llenos de comida que creo nunca sabremos qué es. Son las 19.30 y dá para todo. Llega lo nuestro (todo por 6.550 clp) y el vaso de café con leche de Diego es sólo un tazón de leche caliente. Por nuestras caras de no entender nos viene a explicar el mozo que hay que ponerle el café a gusto, tipo instantáneo. Lección aprendida.

val1-2La costanera es lo más lindo de la ciudad, y ya pasamos de día y ahora de noche, y siempre hay gente caminando y sobre todo haciendo deporte (les paso lejos a los que corren por las dudas si me contagian).

Vamos a picar algo a El Charrúa, frente a la costanera, y por 14.179 clp (con tarjeta y propinas) comemos una tabla de rabas, con papitas noisette (o duquesa, como le dicen acá) y salsa ciboulette, con una cerveza Kunstmann Torobayo, escuchando un enganchado de Fito Paez, y otros temas más modernosos.

Ya nos damos cuenta que la familia Kunstmann es para Valdivia algo así como lo que son los Guinness a Dublin.

 

 
 

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