Dia 3: Nos vamos a pasar el día a San Martín de Los Andes.

Como tuvimos que agregar un día más a la estadía en Junín, quisimos alquilar un día más la cabaña, pero ya no había disponibilidad, así que nos mudamos al Hostel Tromen, que queda a unas cuadras. Es servicial pero rozando un poco lo precario. Si te molestan los ruidos desde la habitación, no es tu lugar. Igual no pensábamos estar mucho tiempo ahí, así que zafaba, aunque el precio por ser un hostel no fue de lo más barato ($330 la noche, para 2, con baño privado).

jsm1Como de Junín ya conocimos sus mayores atractivos cercanos, nos vamos a hace un día de paseo en San Martín, y de paso reducimos la cantidad de cosas para conocer cuando volvamos a esta ciudad a quedarnos unos días, al final del viaje.

Como ya sabemos, los buses Castelli salen de la terminal a cada hora en punto, así que sin problemas llegamos a San Martín para la hora de almorzar. Sobre una de las calles principales vemos el resto Peperone, un lugar informal donde pedimos unas hamburguesas con papas fritas provenzal y jugos. Todo abundante y cumplido.

jsm5Siendo el tercer día me alegra haber traído el bronceador y la manteca de cacao. Mucho sol y clima seco hace desastres en la piel. Lástima que me olvidé alguna crema hidratante o after sun, así que tuvimos que comprar. Nos dio pena ver en la farmacia lo mal que la estaba pasando Antonio.

Esperamos que sean las 16.30 para hacer el city tour arriba del Red Bus (bus inglés double decker). Los pasajes se compran directamente cuando subís al bus, así que nos recomiendan ir “con tiempo” a hacer la fila antes de la hora de salida -seguramente en temporada se llene más, con nosotros sólo subieron 10 personas más-. Sale $150 por persona.

Es un día de mucho mucho calor, y arriba del bus pareciera que hiciera aún más. Durante el viaje se tienen increíbles vistas del Lacar (aunque son todas a través de la ventanilla, no hay paradas fotográficas). Ojalá no a todo el mundo le toque compartir el tour con señoras que no entienden la instrucción de “hay que hacer silencio, sobre todo si está hablando la guía”. Te dan ganas de tirarlas al lago, pero sabes que él no tiene la culpa.
Cuando el paseo termina y volvemos al centro, vamos un rato a la heladería Mamusia, para disfrutar un poco de fresco y de comida (el sabor kinder en el helado no lo encontramos, pero eran ricos).

Esperamos el bus de las 19 para volver a Junín, pero acá también hay horas pico y hay mucha gente esperando para volver. Así que aprovechamos la libertad de estar vacaciones y poder no sumarnos a ese colectivo. Nos tiramos en la lona a orillas del lago Lacar a esperar el bus relajado de las 20.

 
Si, ya sé, querés saber más de Junín de Los Andes. ¡Mirá este post!
 

 
 

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