Día 14: Pasamos por Berna (y seguimos…)

A las 7:15 ya estamos en la estación de tren esperando subir a nuestro a Berna. Llegó el momento otra vez de cambiar de país. ¡Y de estrenar uno nuevo! Suiza se está por sumar a la lista de naciones visitadas 😀
Y más tarde, no porque nos vayamos a aburrir de esta ciudad, pero nos mudamos de Berna a Interlaken, porque queremos ver todo que podamos en los dos días que tenemos para Suiza.

Mientras tanto, una GRAN combinación para una espera de un tren tan madrugador: un rico café con un rico pan de chocolate.

Arranca el tren y avanzamos entre la niebla, con muchas ganas de cruzar la frontera. Sabemos que nos vamos a encontrar con lugares increíbles, y vamos a llenar de verde nuestras fotos.
En cuanto se empieza a despejar un poco ya empiezan a aparecer los paisajes por las ventanillas. Casitas bajas, pueblitos desparramados entre un verde gigante, con nieve a ras del suelo, y por donde vamos cruzando también algunos lagos y cerros. Te querés bajar del tren ahí mismo.

El inspector pasa pidiendo los pasajes y las tarjetas de crédito, y esta vez nos sale todo bien (obviamente revivimos el caluroso momento del viaje a Praga)
El viaje tiene pocas paradas, así que podés elegir entre dormir un poco y seguir mirando por la ventana. Ninguna te va a decepcionar.
Vamos a terminar llegando a Berna como a las 13, así que es mejor ponerse cómodo…

Welcome to Switzerland! nos dice el tren. Sin control de frontera nos vamos bastante rápido a la estación a comprar unos sanguchitos para comer por el camino, en una ciudad que ya nos está encantando.

No sé cómo será en otros momentos de la semana, pero se ve que sábados al mediodía la plaza principal se llena de gente. Hay una feria, un mercado, música, y personas en cada espacio libre. También tenés los tranvías pasando por las calles, esos que no te esperás si no te percataste de las vías en el piso o los cables.
Nos llevamos nuestro almuerzo a lo que me parece que es la municipalidad, y nos sentamos a ver la ciudad desde arriba.

Gentes almorzando arriba de Berna.

Me encanta, me encanta este lugar!

Tiene todo el encanto de una ciudad vieja, con estilo medieval, caminos irregulares, estatuas en las calles, veredas adoquinadas, vistas increíbles, el río Aar.

De las mejores vistas!

Por el ser el oso el símbolo de la ciudad, tienen un osario en medio de la ciudad. Hoy estaban todos hibernando.

¿Ya dije que me encanta? Podés recorrerla caminando en un par de horas, aunque también debe ser muy lindo dedicarle un poco más de tiempo.

Hasta la vuelta Berna!

Hoy no va a ser nuestro caso: a las 18 sale el tren a Interlaken, otra ciudad suiza a más o menos una hora de distancia.
Buscamos las mochilas que habíamos dejado en los lockers de la estación y para allá nos vamos.

El paisaje en el camino sigue siendo hermoso, es algo que nunca te cansa. Y llegamos a una ciudad con otro estilo, con mucha más naturaleza, y donde no podés dejar de ver los alpes en el fondo de donde mires. Son esos lugares que te emboban mientras los caminas.

El centro de Interlaken a la noche. Magia.

Dejamos las cosas en el Hotel Derby, y vamos en busca de la cena. Caminamos y damos vueltas por un lado por lo lindo que es hacerlo, y por otro porque los precios no son para nada amigables. Suiza por un lado te invita a querer quedarte en todas sus ciudades y parece un plan súper feliz, hasta que ves lo que salen las cosas. No hay que asustarse pero hay que buscar un equilibrio si queremos seguir con el viaje 😏

Terminamos entrando en Hooters, que debe ser de lo más barato porque estamos todos acá esperando nuestras comidas.

 

 
 

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