Día 14: Entramos a un campo de concentración.

Sigue haciendo bastante frío en Berlin, y ver todo el cielo nublado le da un fondo más triste a la que va a ser de por sí el paseo más triste de las vacaciones. Hoy toca ir a recorrer un campo de concentración, el primer campo construido por Hitler. Lamentablemente es parte de los lugares para conocer el país, así que queríamos ir al menos a uno.
Contratamos en Sandemans el tour al campo de concentración de Dachau, y con ellos tomamos un tren hasta la estación principal de Dachau, y desde ahí un colectivo hasta el memorial.

Lo bueno de ir con un tour es que la guía nos va contando cosas desde el principio, y se aprovecha todo el viaje. Ayuda a entender mejor el significado de lo que fue; la verdad que fue una visita muy dura pero muy interesante. Creo que uno nunca se puede terminar de imaginar lo que debe haber sido, aunque estés caminando por las barrancas, y viendo fotos de esa época.
Pero verlo me chocó porque era como lo hubiera pensando, o como lo vi en todas las películas.

Entrada al campo.

Lo llamativo de este campo es que está en medio de la ciudad, por lo que se dijo que era casi imposible que la gente del lugar no supiera lo que estaba pasando ahí adentro. Son cosas que siempre te dejan pensando.

Si no vas con una guía hasta el lugar (es igual de fácil ir por tu cuenta), cuando llegas al museo podés alquilar una audioguía para recorrerlo. Aunque hay mucha info escrita alrededor de la salas, me parece que es una visita donde necesitas empaparte con las explicaciones.

Campo de concentración de Dachau

Entrada al campo de concentración Dachau

Volvemos con el grupo del tour hasta la estación de Munich donde toca almorzar para levantar un poco el espíritu y la temperatura. Unas wiener schnitzel con papas fritas siempre cumplen. El resto Opatija queda cerca, y por no muchos euros te dan platos muy completos.

Y seguimos caminando por Munich. Cada vez me gusta un poco más esta ciudad, me parece que tiene bastante personalidad, y un estilo muy alemán que siempre me gustó. Es una ciudad dentro de todo simple, sin grandes monumentos o lugares imperdibles, pero la estamos disfrutando mucho mientras la caminamos.

¡Mucho cuidado! Aparecen ciclistas desde todos los lados. No estás a salvo en la vereda, y menos en los cruces de las calles.
 

Uno de los parques que hay que conocer es el Englischer Garten. Hasta ahí habíamos leído como sugerencia en todos lados. Pero lo que encontramos no lo habíamos visto en ningún otro parque.

Surfistas en el Englischer Garten

Un río en medio del parque… donde los surfistas hacen fila para tirarse al agua y practicar, mientras entretienen a toda la gente que de golpe se encuentra con este paisaje.

Surfistas haciendo fila en el Englischer Garten

Qué suerte para estos practicantes, que aunque vivan en Alemania, lejos de las costas, tienen estas olas para aprovechar. Así que aunque hace frío, y a mi que me encanta el agua ni ganas me dan de meterme, ellos se tiran y vuelven a salir para esperar su próximo turno.

A todo esto, muy lindo lugar verde para caminar! Es enorme, gigante. Te espero a que vayas a google maps y veas todo lo que ocupa.

Bueno, no.
La impaciencia todavía me controla. Acá está 😀 Aunque sea una parte del parque tenés que ir a conocer.

 
De camino para el centro cruzamos por un mini parque, el Hofgarten, donde están empezando a aparecer flores.

El parque Hofgarten

El parque Hofgarten

 
Armamos los bolsos para tenerlos listos mañana a la mañana y cruzamos hasta el resto de enfrente para cenar. En el Augustiner hoy hay más gente que el primer día que fuimos. Cantando, tomando, cantando, comiendo. Es viernes, y Munich lo sabe.

 

 

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