Día 11: Últimas 24 horas en Praga.

Todavía nos quedan muchas cosas para conocer, así que vamos a intentar caminar todo lo que podamos de Praga en 1 día. ¡Motivación y ganas no faltan!
Temprano volvemos a subir a Malá Strana, nos habían recomendado un restaurant dentro del Monasterio Strahov que vamos a aprovechar a conocer en el almuerzo.
Compramos en la estación 3 boletos de media hora para cada uno: a partir de que marcas el boleto, tenés media hora para seguir usándolo.

Empezando nuestro desafío de Praga en 1 día

La plaza de la Ciudad Vieja

Riquísimos trdelník!

Riquísimos trdelník!

Selfie time.

Selfie time.

 
Desde la misma plaza que ayer nos subimos al tranvía 18, y de pasada hacia el monasterio vemos el castillo y los anunciados protestantes. Se van teniendo lindas vistas de la ciudad durante el viaje.

En el restaurante St. Norbert comemos sopas de goulash, bien rico y caliente para seguir paseando durante la tarde.

Almuerzo acompañado obviamente de cervezas!

Almuerzo acompañado obviamente de cervezas!

Caminando por Praga

Callecitas praguenses.

 
Bajamos y bajamos hasta la ciudad, viendo las callecitas y las vidrieras de todos los locales de souvenirs… si algo no les va a costar encontrar en Praga son souvenirs, aparecen varios en cada cuadra. De los más clásicos y repetidos y también algunos un poco más lindos… aunque a mi los que más me gustan son los que no parecen tanto un souvenir, sino algo que tenga un uso, no un adorno.

Nos volvemos a encontrar con el puente, con la misma cantidad de gente pero hoy con un poco más de sol.

Puente de Carlos

Nos quedan varias cosas por conocer, así que hasta la merienda no paramos!
Tenemos la dirección de los Jardines de Vrtba (Vrtbovská zahrada van diciendo los carteles, algo útil para tener a mano y ubicarte un poco más), pero nos encontramos con una puerta grande de madera, con forma redondeada. Quizás no hubiéramos entrado si no fuera porque nuestros dos amigos habían venido hace unos años, y al ver la puerta la abrieron decididamente.

Hay que pagar una entrada (4 euros creo), y ya podés entrar y quedarte descansando todo el tiempo que quieras. Todavía no explotó la primavera, así que los arreglos de las plantas son de un color verde vibrante, pero sin el acompañamiento de los colores de las flores. Debe ser todo un espectáculo.
Un lugar sumamente tranquilo, donde podés sentarte en los bancos y disfrutar del sol… o subir algunas escaleras y encontrarte con los techos de Praga. Silencio, fotos, pies relajados.

Jardines de Vrtba

Jardines de Vrtba

 
Seguimos nuestra ruta hasta Isla Kampa, donde encontramos mucha gente viendo el Muro de Lennon. Es como algo medio extraño de encontrar en la ciudad, pero había que verlo.
Y ahora empezamos a subir nuevamente, para llegar a la zona del Castillo Vysehrad. Creo que son las mejores vistas de Praga que vimos, del río Moldava, de toda la ciudad. Es un día ventoso así que acá arriba se nos vuelan los pelos y las capuchas. Toda esta zona queda más al sur de la ciudad vieja, y está muy buena para una tarde de caminata.

Castillo Vysehrad

Castillo Vysehrad

Ahora sí, nos habíamos prometido parar recién a la merienda, y por fin llegó! En el restaurant/confitería Mistral nos sentamos y pedimos los tradicionales panqueques. Qué claro, lo de “tradicional” depende del lugar donde se pida. Nosotros en Buenos Aires conocemos un tipo de panqueque (un postre clásico que a nosotros nos encanta), y acá evidentemente… tienen otro concepto 😛

Panqueques de Praga

El gusto también es diferente, pero termina siendo un rica sorpresa. La chocolatada con crema superó toda expectativa posible 💛.

 
De Praga me habían dicho ¡tantas! cosas lindas que sabía que me iba a tener que gustar, y que me iba a volver con ganas de más (¿cuándo no, igual?). Pero terminó siendo más que eso: no me gusta mucho hacer competir por mi amor a las ciudades que fui conociendo, y no creo poder elegir <la ciudad que más me gustó>, de cualquier viaje. Pero sí lo puedo hacer en plural, y tener <las ciudades que más me gustaron>. Las 48 horas en Praga pueden no haber sido muchas pero le hicieron ganar su lugar a la ciudad.

 

El cruce de la frontera El cruce de la frontera

El bus a Munich sale a las 23:55. Primero cenamos en La Ventola donde nos ofrecen pizzas, pastas, hamburguesas, con nombres italianos. Después pasamos a buscar las valijas por el Hotel Salvator (de la misma cadena que nuestros apartamentos pero con recepción 24 hs) y nos vamos a esperar a la estación de buses Florence. Hace muuucho frío, y el poco lugar que hay para sentarse adentro está obviamente todo ocupado. Es una estación bastante chica, con algún lugar para comer y comprar algo, las agencias de buses, y listo.

Cuando llega nuestro bus, la fila que había pierde toda su forma, y empezamos a subir bastante desorganizadamente (por no decir caóticamente). Los chinos nos ganan a todos, y se acomodan primeros ocupando todos los asientos del lado de las ventanillas, aunque viajen en grupo. Nosotros nos quedamos en el fondo, y empezamos el viaje con muchas pretensiones… como dormir. El bus tenía otro destino para nosotros. Va haciendo paradas cada tanto, además del control de pasaportes cuando cruzamos la frontera con Alemania, y pasajeros inquietos. Así que casi no dormimos, ni bien ni mucho. Y otras cosa que aprendimos es que siempre es bueno tener alguna manta polar encima, o algún abrigo, porque nunca sabes qué temperatura te puede tocar.
Pensamos que era un plan redondo para descansar y ahorrar el transporte y alojamiento, pero sólo nos funcionó la segunda parte. Sólo 19 euros cada pasaje; bastante bien por una mala noche. No la recomendaría sin contar todo lo bueno y lo malo 😉
Hablando de lo malo, una de las cuestiones es que llegan bien temprano a la siguiente ciudad… 6 y algo nos bajamos en Munich ZOB (estación de buses), y caminamos por la noche hasta el hostel, unos 10 minutos.
Técnicamente ya es otro día, así que este es el fin de este posteo… continuará! 🙂

 

 
 

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