Día 9: Cruzamos la frontera checa.

Temprano a la mañana vamos a la estación HBF para dejar el equipaje en los lockers, hasta que sea la hora de tomar ¡el tren de Berlín a Praga! 🙂
Algunos se alquilan por hora y otros por todo el día. En los lockers grandes entran 2 mochilas y sale 6 euros las 24 horas, y aceptan sólo monedas (pero hay máquinas para ofrecer cambio).

Ya es el fin de las Pascuas y ahora sí nos decidimos a hacer la fila para entrar al Museo de Pérgamo. Nos toma más o menos 1 hora y media poder entrar; si compras la entrada anticipada pagando el fast entry podías evitar la fila.

El museo, para no ser menos que los otros bien famosos de Europa, es muy grande, y es muy interesante toda la exposición sobre la historia de Babilonia. Hay monumentos y construcciones armadas en salones que realmente impresionan con sus tamaños. Me parece una buena visita si estás con el tiempo (no soy de las que van a priorizar los museos antes que otros lugares de una ciudad).

Museo de Pérgamo

 
A las 5 pm sale nuestro tren a Praga. Así que vamos a la estación HBF a almorzar, para ya comer tranquilos sin tener que calcular el tiempo para llegar hasta la estación. Entramos en Vapiano, un local de comida donde al ingreso te dan una tarjeta para que te acerques al mostrador que más te guste a ordenar tu comida y allí te cargarán los gastos en la tarjeta, de todo lo que vayas consumiendo. Al retirarte, se paga todo junto. Nos pareció bastante práctico, y había mostradores para ensaladas, pizzas, pastas y arroces. Bastante variedad de platos y rápido de pedir y comer, todo hecho en el momento. Hay que acordarse (fue nuestro primer encuentro con las pizzas europeas) que las pizzas acá tienen tamaño individual. En Argentina la pizza estándar tiene 8 porciones, y siempre come entre varios.

Almuerzo antes de tomar el tren de Berlín a Praga.

Pizza de atún, tamaño individual.

Llegó la hora de subirnos al tren y cambiar de país, así que nos vamos con tiempo a esperar al andén, porque sabemos que no va a ser fácil encontrar un compartimento donde sentarnos los 4 juntos, y menos si el tren ya viene viajando desde otras ciudades, como sospechamos.
Por mucho que nos apuramos (hasta donde nos lo permiten las mochilas y la gente) no conseguimos estar los 4 en el mismo, pero sí en 2 camarotes pegados.
El nuestro lo compartimos con dos alemanes, que no viajan juntos pero sí están charlando, y les entiendo decir “Harry Potter”, y sonrío porque yo también venía pensando que este tren era lo más parecido al Expreso de Hogwarts en que viajé.
Así que sumo un nuevo tipo de tren a la lista de viajados: compartimentos pegados, todos con puerta corrediza hacia un pasillo a la izquierda.

Al rato que nos acomodamos aparece el señor inspector a revisar los boletos, y con él llega uno de los más grandes aprendizajes de nuestro viaje. De esos aprendizajes por las malas.
Habíamos comprado los boletos anticipadamente hace unos meses, con una de las tarjetas de crédito de nuestro amigo. A pesar de toda la planificación posible, esa tarjeta se quedó en casa mientras todos nosotros nos fuimos de viaje… y resultó ser lo ÚNICO que el inspector quiere revisar. No le interesa ni un documento, ni pasaporte, ni otra cosa que pueda validar tu identidad: la tarjeta con la que se compró el boleto, o nada. Bueno, “nada” no: hay que volver a comprar los boletos, en el momento, pagando obviamente el precio del día que siempre va a ser superior al precio por anticipado.
El inspector muy amablemente trajo su posnet, mientras nos comunica que él sólo puede cobrar la parte del trayecto dentro de Alemania, por lo que cuando hayamos cruzado la frontera, el inspector checo deberá cobrarnos el resto.

Debemos decir que todo esto nos amargó un poco, pero después iban a pasar dos cosas que lo aliviaron: el inspector checo revisó los pasajes, pero no nos cobró nada; y después de hacer el aviso a la empresa de transporte (cuando se terminó el viaje), nos devolvieron los gastos de la segunda tanda de pasajes (los más caros). Excepto por 7 euros, en concepto de comisión suponemos. Así que por suerte se pudo resolver todo bastante bien.
Fui juntando este y otros aprendizajes en esta lista educativa (?).

 
De todas maneras, llegamos a Praga hl.n. (la estación principal) ya sin amarguras, a las 9.25 pm, sino felices de estar en esta ciudad. Caminamos por el centro, ya encontrando lugares turísticos que vamos a ver mañana de día, hasta llegar a los Salvator Apartments. Vemos en el cartel de la puerta avisándonos que después de las 20 hs la recepción se hace a unas pocas cuadras, en el hotel de la misma cadena.
Ahí nos dan las llaves, y finalmente logramos entrar a nuestro departamento.

Súper grande y cómodo, nos encanta saber que vamos a pasar dos noches en este lugar.
Teníamos los gloriosos baguetines que habíamos comprado en la estación de Berlín (en Le Crobag), y algunos chocolates en honor a las pascuas 😉
La noche no podía ser mejor. Tenemos comida para disfrutar, camas y sillones cómodos para descansar, y por la ventana se escuchan las calles praguenses.

 

 
 

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