Día 4: Liverpool tiene banda sonora propia.

Son las 10.07 y está por salir nuestro tren desde Euston station con destino a Liverpool.
Tratamos de imprimir los tickets que compramos on line, pero sale siempre algún error, creemos que por haberlas comprado con una tarjeta American Express. Así que vamos a los mostradores de Virgin Railways, donde nos los imprimen, no de la manera más amable posible.
En la plataforma 16 nos firman el boleto y ya subimos. Después de sentarnos y acomodarnos, nos acordamos que cuando compramos los boletos habíamos seleccionado asientos, así que nos mudamos a los que teníamos reservados. Sólo por si acaso, porque había muchísimos asientos libres.
El día amaneció lindo, el tren está muy copado y por la ventanilla vamos viendo ovejas, casitas, canales, campo, y más campo.

Apenas llegamos a Liverpool Central, a las 12.35, vamos al Hatters Hostels donde habíamos reservado 2 camas en una habitación para 14 personas, y dejamos los bolsos para ir a recorrer mientras esperamos la hora del check in.

Calles de Liverpool.

Calles de Liverpool.

Es una ciudad informal, sobre todo a comparación de Londres, bastante más sucia, con una calidad de vida menor, y de noche nos encontramos con más gente ebria caminando por la calle, pero de los ebrios divertidos. El ambiente de las calles y de las casas me hace acordar mucho a Dublín.

Hace mucho frío, más frío que el que dejamos en Londres. Vemos la Iglesia de St. Lucas, y entramos a la Catedral de Liverpool. Visita obligada, y es gratis. Nos sorprendió con su tamaño, es imponente por fuera y enorme por dentro. Se puede pagar para subir a las torres, pero no sabemos si vale la pena.
Oficialmente se le llama Church of Christ Cathedral, y más comúnmente como Catedral Anglicana de Liverpool, o aún más informal sin el <anglicana>. Puede ser confuso el tener tantos nombres, pero no hay que confundirla con la otra catedral, la Metropolitana o Metropolitana de Cristo Rey. Ambas catedrales de Liverpool están sobre la misma calle, casi como enfrentadas y separadas por 8 cuadras más o menos.

Catedral de Liverpool

Catedral Anglicana de Liverpool, la catedral más larga del mundo.

Seguimos caminando hasta Mathew Street, un pasaje que grita Los Beatles: casi al inicio aparece el más que famoso bar The Cavern; frente a él hay un “restaurante hermano” que también se llama The Cavern y donde hay un John apoyado de manera muy casual. Siguiendo por esa calle encontramos una peluquería, bares, locales de comida, todos relacionados con los Beatles; artistas callejeros cantando sus temas. En la esquina aparece el Hard Days Night Hotel, que ocupa toda la manzana, y tiene esculturas a la altura de las ventanas del primer piso, una por cada Beatle. No falta tampoco el (enorme) local de souvenirs, y desde todos los negocios sale música de algún disco de la banda.

Restaurante "hermano" de The Cavern.

Restaurante “hermano” de The Cavern.

Yo no soy gran fan de ellos (sí sí, lo admito), pero el fenómeno que generaron sigue muy vivo (manteniendo una ciudad casi), y no creo que hubiera otra banda pudiera hacerlo. Y es muy interesante estar en el lugar donde estuvieron, donde empezaron, y donde hay tanto de ellos impregnado; estar ahí es realmente vivir una parte de la historia. Así que no imagino lo puede llegar a representar para un fanático. Obviamente para ellos creo que es una ciudad obligada; y para el resto una ciudad entretenida de recorrer por 2 o 3 días.

Bandas cantando temas de los Beatles en The Cavern.

Bandas haciendo sonar en vivo a Los Beatles en The Cavern.

Pasamos por el Albert Dock, viendo el río, la costanera, y los docks llenos de negocios y restaurantes. Es uno de los lugares turísticos para visitar, la costanera es bastante linda, y una de las atracciones que hay es The Beatles Story, una especie de museo o una exposición permanente con la historia de la banda, por un precio no muy barato. No entramos, así que no sé bien si valdría la pena.
También por la zona, en Pier Head, hay algunos museos muy modernos, y las estatuas de Los Beatles ‘caminando’ por Liverpool. Una señora se ofrece a sacarnos una foto y se nos queda hablando sobre la ciudad, con un acento súper cerrado, así que le devolvíamos varias frases y muchas sonrisas.

Albert Dock

Y por esa costanera también aparecen varias estatuas, muy locas, representando el símbolo de Liverpool: el (¿o la?) Superlambanana! Hay una escultura gigante con su diseño amarillo clásico en una parte más alejada de la ciudad, y se dispusieron varias más chicas, pintadas y decoradas por diferentes artistas en zonas públicas.

Superlambanana, mitad cordero y mitad banana

Superlambanana, mitad cordero y mitad banana, representando las fuerzas de exportación e importación sobre la que se basó el crecimiento de la ciudad (o no se les ocurrió otra cosa…)

Volvemos al hostel a descansar un poco, del cansancio y del frío. Se hacen las 20.30 y empezamos a buscar rápidamente algún lugar para comer, sabiendo que por estos lugares (nada más distinto que en Argentina) cierran muy temprano. Cuando entramos a The William Gladstone preguntamos y nos dicen que si hacemos el pedido ya nos pueden preparar la comida. Lo decidimos muy rápido pero tardamos en darnos cuenta que estamos en un bar y no un restaurante, y había que aplicar una regla que habíamos aprendido pero todavía no usado: en los bares las comidas se piden en la barra, se paga en el momento y se vuelve a la mesa con las bebidas. Después los mozos te acercan los platos a la mesa, que está numerada. ¡Tenerlo muy en cuenta! Si es un bar, si tiene canteros con flores como decoración en el exterior, si nadie los viene atender aunque se hayan sentado… entonces seguramente tengan que ir ustedes mismos hasta la barra.
Con todo esto igual llegamos a cenar, fish & chips y un british steak pie, típicos platos del país. Y muy recomendables!

Ahora a dormir en esta nueva experiencia de compartir habitación con tantas personas.

 

 
 

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