Día 3: Vida playera en Punta del Diablo.

Cuando nos despertamos nos encontramos con el paisaje que dejó el carnaval: gente durmiendo en el camping, directamente en el pasto, al costado de la ruta, en autos y camionetas (con y sin techos).

Pero lo peor de todo fue ver que cuando llegó el micro que nos va a llevar a Punta del Diablo se acercó una cantidad enorme de adolescentes para intentar comprarle un pasaje al conductor del micro. Lamentablemente muchos lo consiguieron y el micro se llenó de gente viajando parada, entre ellas Diego, aunque tuviera pasaje.

Sabíamos que el viaje no podría durar demasiado, y por suerte la gente se fue durmiendo durante el viaje, pero fue un alivio llegar finalmente a la terminal de Punta del Diablo.

Llegamos con lloviznas y por segunda vez, alguien de un alojamiento nos viene a rescatar a nuestra llegada. No era momento de ir en búsqueda de otros lugares, así que fuimos con él hasta Pueblo Arriba Hostel.

Por suerte el hostel resultó estar muy bueno, completo, con lugares comunes como cocina, living, patio, mesa de ping pong, habitaciones privadas y compartidas, y los baños tipo vestuarios compartidos. Descansando un poco y nos vamos a conocer estas nuevas playas.

Es un pueblo con un estilo y ambiente parecido a La Pedrera, pero de todas maneras se distinguen. Mantiene la onda agreste y artesana, los ranchos, y agrega algunas construcciones más… ya en esta zona hay más hostels, hay un centro un poco más grande, y una terminal de bus.

Desde el primer día nos gusta mucho, es un lugar que vamos a poder aprovechar para descansar la vista con tanta naturaleza, y caminar bastante.

 

 
 

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