Día 2: Descubrimos el carnaval.

Hoy las calles nos sorprenden llenas de gente, de todas las edades, tirándose agua con cualquier recipiente que pudieron encontrar. Recibimos un poco de agua, nos escapamos de algunas zonas de riesgo, y logramos llegar a la playa finalmente. Pero hay más carnaval en este post >>

Las playas son muy amplias y están bárbaras para descansar y para caminar hasta volverte a cansar. Nos encontramos con algunos puestitos en la playa, para comprar comidas y bebidas, que siempre vienen bien en un paseo.

Hay una onda muy diferentes a otras playas que conocimos, en Buenos Aires por ejemplo, mucha juventud pero sin perder la tranquilidad de la zona, todo rústico pero atractivo.

Sobre la costanera hay lugares para comer y para comprar artesanías, que mantienen el encanto, que combina con las calles de arena y barro, con autos viejos, y gente sin apuro, al menos no aparente.

Caminar por las calles agrestes nos hace sentir totalmente desconectados de la rutina que dejamos hace nada más que un día.

Ya es de noche y sobre la calle “principal” que atraviesa los locales de comida y llega hasta la playa, hay luces y música, y mucha gente que no pierde el espíritu de festejo, sino todo lo contrario.

Esta vez no escapamos de la nieve artificial, ni de sumarnos a la caminata por la pasarela bailable en la que se convirtió la calle. Gente disfrazada y bailando es un escenario realmente divertido.

Elegimos un lugar para comer una pizzas, y comprobamos los rumores que teníamos de que Uruguay en general no es un lugar barato. Sin ser una locura de caro, creo que si uno quiere o necesita encontrar buenos precios, tiene que hacer un trabajo de búsqueda.

Una gran noche, y sobre todo, muy diferente a cualquier otra.

 

 
 

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