Carnaval!

No es que sea taaan joven, pero en mi barrio no había mucho espíritu de carnaval. Sí, de golpe aparecían bolsitas de bombuchas en todos los kioscos, y cada tanto algún infante rebelde corría a algunas personas, pero no mucho más que eso.

Así que cuando llega la época de carnaval lo único que me emociona son los días feriados, que siempre tanto emocionan.

Así que cuando a principios, bien principios de marzo del año pasado, caímos en La Pedrera, una de las playas del departamento uruguayo de Rocha, ni relacionamos las fechas, ni estábamos preparados para el evento.

Mapa de vacaciones uruguayas

Llegamos temprano en barco al puerto de Montevideo, nos tomamos un taxi (abstenerse! son carísimos, y era cerca) hasta la terminal de micros Tres Cruces y el siguiente y pronto destino fue La Pedrera.

Primer atardecer en La Pedrera

Esto fue un domingo, que al ser el inicio de una semana de ocio y vacaciones, reseteó nuestros calendarios y ni enterados que el lunes y el martes eran feriados carnavaleros, nos buscamos un camping y nos empezamos a acomodar en el nuevo país.

Playa

Sin aviso llegó el lunes y un montón de gente empezó a aparecer por las calles de tierra… todos armados con bombuchas, botellas de agua, ¡baldes! Atrevidos. Nadie se salvaba, así que luego de un ataque medio fallido de un pequeño, seguimos con nuestro plan de pasear por las calles más internas.

Por esas calles salían bombuchas de los balcones! y corrían personas con más baldes en las esquinas.

Empezaron a llegar a los disfrazados, y la cosa se empezó a poner seria.

Se armó!

¡Fiesta! Todos estaban re comprometidos con el carnaval. Después nos enteramos que va mucha (mucha) gente joven esos días a festejar esos dos días al balneario de La Pedrera, por lo que se convirtió en su mayor evento.

A la noche ya estábamos empapados del ambiente (y casi literalmente), de la onda de pueblo, de mar, de calles de arena. Y en la calle principal, una calle de arena que corre entre bares y restos hasta el mar, estaba la fiesta. Luces, música, gente, y muchos disfraces, mucha espuma, colores, olorcito a comida. Y todos caminando, bailando un poco, eligiendo donde picar o tomar algo.

Fue un noche súper diferente, y me encantó la sorpresa de haberme encontrado con eso.

Al otro día, la sorpresa es ver gente durmiendo en el pasto (pasto alto y mojado) de los campings, en los autos, en bolsas de dormir (los afortunados o previsores) al costado de la ruta. Y bastante suciedad eso sí, y muchísima presencia policial, porque tanta fiesta junta siempre puede convertirse en algo más feo.

Abstenerse de tomarse un micro para Punta del Diablo, porque esos cuerpos durmientes se despiertan y quieren volver a sus casas como sea, con boleto o sin boleto, con asiento o sin.. El segundo viaje en micro no nos fue muy cómodo, pero la semana recién empezaba.

 
 

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